camino de emaús

Artista: desconocido

Título: los discípulos de Emaús

Fecha: finales siglo XI

Medio: bajorrelieve en piedra

Ubicación actual: Claustro de Santo domingo de silos (Burgos)

Nos fijaremos este mes en uno de los 6 bajorrelieves del primer maestro del claustro de Santo Domingo de silos, el de los discípulos de Emaús. Se trata de un bajorelieve románico en una de las esquinas del claustro, lugar utilizado por los monjes para el rezo y la meditación. El objetivo de la escultura románica no es decorativo, como bien pudiéramos pensar hoy, sino más bien catequético. Es por esta razón que no se puede entender este bajorelieve sin saber que está acompañado de otros en los que se representa la Ascensión, Pentecostés, la Sepultura y la Resurrección, el descendimiento y la duda de Santo Tomás. De entre todos he escogido el del camino por los elementos que aparecen en relación al camino de Santiago; las conchas, el zurrón, los pies en movimiento,… Es importante saber que durante la construcción del monasterio estaban en auge la peregrinaciones y el artista no duda en mezclarlo en la escena bíblica. Una vez más el arte y la Palabra de Dios se unen para hablarnos de que Dios está presente en el camino de nuestra vida, así lo pensó el artista del siglo XI y así perdura hoy.

En la imagen nos encontramos a tres personajes, los dos discípulos de Emaús y Jesús representado mucho más grande que las otras dos figuras, tanto que se sale del marco de la composición. En el relieve se representa el momento en que Cleofás, durante el camino, pide al forastero que se quede con ellos, le toca el hombro y le dice “… quédate con nosotros, pues el día ya declina…”. Es el momento en que Cristo se gira para atender la indicación, esta es la razón por la que uno de los pies del maestro está en posición contraria a la de los otros dos caminantes. Los discípulos vuelven a sus casas, Jesús con su cuerpo y con sus pies les indica que el camino es otro.

El brazo derecho de Cleofás, situado a su lado, en diagonal, traza junto con la parte inferior de su túnica una línea oblicua ascendente que lleva la mirada al centro de atracción, que es la cara de Jesús. A pesar de ser tres los personajes queda claro que el principal es Jesús. En el lado contrario al de Jesús se encuentra el segundo discípulo que no forma parte de la conversación pero que porta un rollo, signo de las escrituras, ellas son las que guiarán a los caminantes de regreso a Jerusalén tal y como indica Jesús.

A pesar de la sencillez que en un momento pudiera parecer que tiene la escena, cada uno de los elementos y los personajes nos hablan por completo del pasaje bíblico, pasaje que el maestro escultor conocía a la perfección y que plasmó de la mejor manera posible para que siglo tras siglo siguiera hablándonos.

En la Palabra de Dios

«Aquel mismo día, dos de los discípulos se dirigían a una aldea llamada Emaús, que dista de Jerusalén unos once kilómetros. Iban hablando de todos estos sucesos. Mientras hablaban y se hacían preguntas, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos» (Lc 24, 13-15)

«En aquel mismo instante se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los once y a todos los demás /…/ Y ellos contaban lo que les había ocurrido cuando iban de camino y cómo lo había reconocido al partir el pan» (Lc 24, 33-35)

Muchas veces nuestra vida es un camino de ida y vuelta. Somos nosotros los que buscamos nuestros objetivos y marcamos nuestras etapas para conseguirlos. Pero a veces nuestros planes no son los de Dios. Él nos cambia, nos trastoca, nos confronta con su Palabra y hace que nos demos cuenta de que tenemos que darnos la vuelta y regresar por donde habíamos venido. Pero ya no vamos solos, su presencia en el Pan nos renueva y transforma y el regresar no es una derrota, todo lo contrario, es lo que nos da fuerza y nos guía por la senda buena.

He querido coger para la reflexión el comienzo y el final del relato, porque es donde se nos habla del camino y del cambio de rumbo que nos provoca la palabra. Al contemplar la escena en piedra no sabría decir cuál de los dos momentos es el que busca el autor plasmar:

camino de ida: Jesús se hace presente mientras caminan, sus pies y su cuerpo indican que es en la otra dirección, la palabra custodiada por los discípulos está cerrada como si hiciéramos oídos sordo a lo que en ella se dice. Es el momento de dejarse abrir los ojos y reconocer al verdadero Señor. Cuestión para la reflexión: ¿estás tú en el camino de ida? ¿es tu situación actual?

camino de vuelta: Jesús en el lado derecho de la composición es el que guía a los caminantes de regreso. Cada uno de los discípulos tiene sus ojos hacia un objetivo, el primero mira directamente a Jesús, mientras que el segundo mira a el camino, es una combinación perfecta del mirar la realidad de un cristiano. No perder la perspectiva de lo que pasa a nuestro alrededor pero con los ojos fijos en Jesús. Cuestión para la reflexión: ¿tu situación personal es realmente la del discípulo que mira al maestro? ¿te has dejado desvelar por las escrituras y el pan y eso anima tu camino actual?

publicado en misión joven en junio de 2013

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